
Holanda,
al principio, no tomó parte en el conflicto para no romper la Tregua
de los 12 años que había firmado con España en 1609, pero
cuando esta concluyó, un cambio de poder en las Provincias Unidas propició
que Holanda reanudara la guerra contra España.
El Palatinado, pequeño estado que formaba parte del imperio, se alineo
en la guerra al aldo de los nobles checos que habian nombrado a su gobernante
como rey. Sin embargo, fue pronto invadido por las tropas españolas al
mando de Ambrosio de Espínola.
Al mismo tiempo que los Tercios provenientes de Flandes invadian el bajo Palatinado,
otros dos contingentes de tropas abrian sendos frentes, uno en las Lusacias
y otro en el sur de Bohemia, intentando abrirse camino hacia Praga. La Batalla
decisiva tuvo lugar en torno a la colina de la Montaña Blanca, cerca
de Praga, en noviembre de 1620.
Las tropas imperiales, superiores en número y organización, obtuvieron
una rápida victoria sobre el ejercito del rey de Bohemia, que huyó
ante al ataque enemigo.
Las consecuencias de la victoria imperial fueron importantísimas.
Los nobles checos, además de perder sus privilegios políticos
y parte de sus posesiones sufrieron una dura represión.
Calvinistas y luteranos fueron obligados a abjurar de su fe o exiliarse y los
territorios de la Corona de Bohemia pasaron a la Casa de Austria.
España, a cambio de su ayuda, obtuvo una parte del Palatinado y ocupo
la Valtelina, zona de paso entre sus posiciones italianas y los territorios
de Austria, a través de Suiza.
La
Guerra de los 30 Años fue, quizás, el mayor conflicto bélico
sufrido por Europa hasta entonces.
En esta guerra, a la tradicional pugna entre católicos y protestantes,
se sumó la oposición entre el emperador de Austria y los príncipes
alemanes por el control de Europa Central, la rivalidad en busca de la hegemonía
entre la dinastía Habsburgo y la Francia de Luis XIII y el cardenal Richelieu,
y la lucha por el control comercial del mar Báltico que abastecía
a Europa de materias primas.
En
1617, parecía claro que Matías, emperador de Austria y rey de
Bohemia, iba a morir sin descendencia.
Pese al carácter electivo del cargo de emperador, en la práctica
este era casi propiedad de la familia Habsburgo, por lo que los miembros de
esta dinastía, de la que formaban parte los reyes de España, se
apresuraron a buscar un candidato. La elección recayó sobre Fernando
de Estiria, hombre católico e intolerante.
Esta elección provocó los recelos de la nobleza checa, en su mayoría
protestante, que vió peligrar sus privilegios políticos y religiosos,
en defensa de los cuales iniciaron una serie de revueltas que culminaron con
la guerra de los 30 años.
En
1618, la destrucción de dos iglesias protestantes, ordenada por los representantes
del emperador Matias en Praga, provocó la rebelión de los nobles
checos que se apoderarón del apalacio real. Allí tuvo la famosa
defenestración de Praga, en la que dos ministros imperiales y su secretario
fueron arrojados por una de las ventanas del palacio, aunque sin graves daños
para ellos.
Tras la revuelta de Praga, siguieron meses de tensas negociaciones y preparativos
militares entre los nobles checos y el viejo emperador Matías. La muerte
de esta precipito los acontecimientos.
Los territorios que formaban la corona de Bohemia constituyerón una confederación
que eligió como rey al elector del Palatinado, Federico, principe calvinista
y líder de la Unión Evangélica, lo que suponía incumplir
lo pactado, cuando dos años antes, los nobles checos aceptarón
a Fernando de Estiria, ahora elegido emperador, como sucesor del difunto Matías.
La revuelta checa,paso de ser un incidente local a convertirse en un problema
que levantó en armas a toda Europa.
Los bohemios buscaron la ayuda de los enemigos tradicionales de los Habsburgo:
Holanda, Venecia y los Hungaros, pero solo encontraron el apoyo del Palatinado.
El emperador Fernando de Estiria, contaba con con el apoyo de los miembros de
la liga católica y de su poderosa dinastía, de la que formaba
parte Felipe III, rey de España y que poseia el ejercito más poderoso
de Europa. España actuó como aliada del imperio, en defensa de
la fe católica y para demostrar que tenía un lugar destacado en
Europa.
Así, por orden de Felipe III, los Tercios de Flandes, a las ordenes de
Espínola, invadieron el Palatinado, mientras los Tercios de Italia atravesaban
los Alpes y se dirigían a Bohemia.

Defenestración
de los ministros del emperador por los noble checos
Después
de arrojar a los dos ministros del emperador por una ventana del palacio real
de Praga, los nobles sublevados se apoderarón de la ciudad con el apoyo
de la población, expulsaron a los jesuitas e iniciaron conversaciones
con el emperador con miras a salvaguardar sus privilegios.