expulsion de moriscos
En 1609, el Consejo de Estado de Felipe III decreto la expulsión de España de los Moriscos. Estos eran un grupo minoritario formados por musulmanes que, pese a vivir en territorio cristiano, conservaban su religión y sus costumbres, formando una sociedad aparte, con sus propios dirigentes, que se resistían a la cristianización y a la hispanización.
Las clases dirigentes consideraban a los moriscos una amenaza para la seguridad nacional, pues temían que sirviesen de cabeza de puente a una posible invasión musulmana por el mediterráneo y como espías a favor del siempre amenazante imperio Turco.
Los primeros moriscos en salir de la Península fueron los del Reino de Valencia que fueron embarcados en los puertos de Vinaroz, El Grao de Valencia, Denia y Alicante, en navíos traídos especialmente para esa misión.
A éstos les siguieron los moriscos de Aragón, Andalucía, y el resto de Castilla.
La mayor parte de los expulsados se dirigieron a Marruecos, Oran, Argel y Túnez en el Norte de África, aunque algunos se trasladaron hasta Salónica y Constantinopla.
Aunque la expulsión se realizó con bastante orden, los robos y violencias ejercidas por parte de algunos capitanes de los barcos y los árabes del Norte de África que atacaban y robaban a los recién llegados, provocaron la inquietud entre quienes aun no habían embarcado y dieron lugar a rebeliones en las serranías de Alicante y los Valles interiores de Valencia y que fueron rápidamente sofocadas por la intervención de los Tercios y de las milicias locales.
Las consecuencias de la expulsión de los moriscos fueron desiguales en función de cada territorio.
En algunas zonas como Valencia, Aragón y Murcia donde los moriscos habían cultivado con gran rentabilidad la tierra, las consecuencias fueron más grabes que en Castilla, en la que el número e importancia era menor.
En total se calcula que fueron unos 300.000 los moriscos expulsados, lo que repercutió en el descenso demográfico que España ya padecía desde principios de siglo.
Expulsion de los moriscos