Pero estos no eran los únicos
que se mostraban inquietos, también Francia tenia razones para temer
el triunfo de los Habsburgo, pues corría el riesgo de quedar atrapada
entre dos de los ejércitos más poderosos del momento.
Sin embargo no fue Francia la que inició la segunda fase de la guerra,
sino Dinamarca.
Dinamarca entro en la guerra por razones fundamentalmente económicas.
Cristian IV de Dinamarca veía como España, en su intento de
hundir el comercio Holandés del Báltico, había tomado
posesiones en ese mar que hasta entonces había estado bajo control
Danés y le había permitido controlar la mayor parte del comercio
de Alemania del Norte.
El
conflicto se amplia. Dinamarca entra en guerra.
La aplastante victoria obtenidas por las tropas imperiales en La Montaña
Blanca había fortalecido considerablemente el poder del emperador, que
amenazaba con controlar toda Alemania ante el recelo de los príncipes
alemanes.
Por
eso Dinamarca, país protestante, se decidió a entrar en la guerra
contra el emperador en 1625, pero no contó con el apoyo ni de los príncipes
alemanes protestantes, ni de Francia ni de Holanda, lo que le llevó a
la derrota.
Armand du Plessis, cardenal de Richelieu, se había convertido en el director
de los destinos de Francia desde 1624.
Su gran visión política le hacia percatarse que tanto el imperio
como España suponían un peligro para Francia; no obstante, los
problemas internos por los que atravesaba el país le disuadieron de intervenir
directamente en la guerra, limitándose a apoyar desde la sombra a los
enemigos de los Habsburgo.
El ejercito Danés sufrió diversas derrotas en Europa, que le obligaron
a replegarse hacia Dinamarca.
Esto fue aprovechado por las tropas mandadas por Wallenstein para acosar a los
Daneses en su retirada, lo que finalmente obligó a Cristian IV de Dinamarca
a capitular y firmar la paz en 1629.
Alberto de Wallenstein era un noble de origen checo, convertido al catolicismo,
al que el emperador Fernando II ordeno el reclutamiento de un ejército
imperial para combatir a los daneses.
Gracias a su fortuna personal logró reunir un ejercito de 20.000 hombres,
en su mayoría mercenarios y aventureros, que fueron la pieza clave para
la derrota de los ejércitos de Cristian IV de Dinamarca.