En la guerra que siguió a la muerte
de Enrique IV, entre los partidarios de Juana la Beltraneja y los de Isabel,
fué decisiva la actuación de ambos cónyuges.
Fernando obtuvo los éxitos militares, de Toro o Peleagonzalo (marzo
de 1476) y Albuera (febrero de 1479) sobre Alfonso V de Portugal.

Aunque
el portugués buscó la alianza de Luis XI de Francia, al final
tuvo que aceptar el tratado de Alcacobas (4 de septiembre de 1479), y cuando
aquel mismo año falleció Juan II de Aragón, Fernando, que
desde 1474 era rey de Castilla, pasó a serlo también de la corona
de Aragón.
De este modo se produjo la unión dinástica de Aragón y
Castilla, unión meramente personal sin que entre ambas coronas hubiera
ningún organismo político común.
Los monarcas dedicaron los primeros años de su reinado a pacificar a
la nobleza y a ultimar la reconquista del territorio hispano.
Tras una serie ininterrumpida de campañas, iniciadas de hecho en 1482,
el Rey Católico consiguió conquistar el reino nazarí de
Granada, último reducto musulmán de la Península (25 de
noviembre de 1491), si bien es el 2 de Enero de 1492 cuando se hace formal la
entrega de la capital con el ceremonial de entrega de llaves.
Alcazar
de Segovia, bastión de Isabel en su lucha contra Juana la Beltraneja.
Aquí se autoproclamo reina de Castilla el 12 de Diciembre de 1474.