Esta política causaría la aparición de un partido ultra, el de los apostólicos, que, configurado posteriormente en torno al hermano del rey, Carlos María Isidro, daría origen al carlismo.
Este grupo llevó a cabo en Cataluña (1827) la guerra deis malcontents (agraviados), antecedente inmediato de la futura guerra carlista.
Por el lado liberal abundaron también las conspiraciones y los golpes de mano, la llamada "conspiración de los emigrados", dirigida por Mina; la intentona de Valdés en Tarifa (1824); el desembarco de los hermanos Bazán en Guardamar (1826); la expedición de Mina (1830), y la de Torrijos (1831), todas ellas fallidas.
Tras enviudar de sus anteriores esposas, María Antonia de Nápoles (1806), Isabel de Portugal (1818) y María Josefa Amalia de Sajonia (1829), Femando VII contrajo nuevo matrimonio con María Cristina de Borbón-Nápoles en diciembre de 1829, con la que tuvo a Isabel y a María Luisa Fernanda.
Para posibilitar el acceso al trono de su descendencia el monarca derogó en 1.830 la ley sálica.
Las tensiones de este período, que estallarían en los sucesos de La Granja de 1832, cuando los absolutistas intentaron sin éxito la sucesión en favor de Carlos María Isidro, tansformaron el problema político en pleito dinástica.
Solucionada la sucesión en favor de su hija, la futura Isabel II, el régimen liberal iba a ser establecido definitivamente en España.
Muerto Fernando VII, la víspera de su enterramiento en El Escorial, el 3 de octubre de 1833, tuvo lugar en Talavera de la Reina el primer levantamiento carlista.