La marginación de los grupos obreros en este proceso y la movilización de los reservistas para la guerra de Marruecos culminaron en la Semana Trágica barcelonesa (25 de julio al 1 de agosto de 1.909) y en el arbitrario proceso de Montjuic (1.909), que desembocó en la condena a muerte de Ferrer y Guardia y una oleada de protestas contra Maura en toda Europa.
Ante el fracaso conservador, y tras el corto gobierno presidido por Moret, el monarca nombró a José Canalejas, del partido liberal, para intentar la regeneración interna del sistema.
Canalejas (1910-12) promovería el reconocimiento de las realidades sociales (una muestra de ello fue el ingreso, por vez primera, de un diputado socialista, Pablo Iglesias, en el Parlamento), regionales (bases de la Mancomunitat catalana), coloniales (paz con Francia en torno a Marruecos) y religiosas ("Ley del Candado", que suplía las deficiencias del Concordato de 1851).

Desfile ante Alfonso XII

Desfile del ejercito ante Alfonso XIII
No obstante, la aplicación de la pena capital contra Chato de Cuqueta, uno de los dirigentes de los sucesos de Cutiera (amotinamiento de parte de su población durante una huelga propiciada por la CNT), provocaría el asesinato de Canalejas en Madrid (noviembre 1912).
Ante la inviabilidad de continuar con el turno de partidos, Alfonso XIII nombró a los que consideraba "idóneos" (gobiernos Romanones y Dato).
El pacifismo durante la I Guerra Mundial implicó una fase de desarrollo de las exportaciones españolas y, en consecuencia, una alza de precios y un aumento de la producción y de la mano de obra.
Estas realidades económicas revelaron más claramente las deficiencias del sistema: pérdida del poder adquisitivo de los funcionarios, adecuación democrática ante el movimiento obrero y necesidad de una reforma financiera.