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Las Juntas de Defensa militar,
la huelga de agosto de 1917 y la Asamblea de Parlamentarios fueron la plasmación
de esta crisis general. |
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Alfonso XIII
con la túnica de las ordenes Medievales Militares de Santiago y Calatrava.
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| En
este contexto, Alfonso XIII aceptó el hecho consumado del golpe militar
del capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, quien
intentó la aproximación de la España real a la España
oficial al margen del sistema parlamentario. La Dictadura (1923-30) impulsó las obras públicas (construcción de embalses y remodelación de las carreteras y vías férreas) y resolvió el problema marroquí, en alianza con Francia, tras el desembarco de Alhucemas y con la rendición de Abd el-Krim (1925). Sin embargo, la Dictadura fue incapaz de crear un nuevo sistema estable y duradero, y el incremento del gasto público y la remisión de las inversiones extranjeras en los años próximos a la crisis de 1929 aceleraron la disolución del régimen. La caída del dictador replanteó la situación política en los mismos términos que en 1923. Los gobiernos del general Berenguer (enero 1930-febrero 1931) y del almirante Aznar (febrero-abril 1931) fueron incapaces de estabilizar la situación política, y las elecciones municipales del 12 de abril de 1.931 se transformaron en un plebiscito a favor de la república, vista la amplia mayoría conseguida por la coalición republicana en las capitales de provincia. Al carecer el rey del apoyo del ejército y de la oligarquía, decidió abandonar el país y desterrarse. En el exilio apoyó los diversos intentos de recuperación monárquica, y en particular el alzamiento militar del 17-18 de julio de 1936 realizado por el General Franco, en el que veía una posibilidad de recuperar el trono. Antes de su muerte abdicó en su hijo Juan padre del actual rey Juan Carlos I, previas las renuncias de los príncipes Alfonso y Jaime. |
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