Fué un fiel seguidor de las directrices
marcadas por su padre.
En su época se acentuaron el regalismo
y las formas absolutistas, pero dos circunstancias acentuaron la decadencia
y desastre del reinado: la personalidad vacilante del
rey y la coyuntura exterior surgida de la revolución francesa.
Hecho importante es la trascendencia que adquirirá en el siglo XIX
fue la cuestión presentada a las Cortes de 1789 sobre la abolicion
del "Auto acordado" de Felipe V, es decir, la derogación
de la ley salica.
El monarca continuó las directrices paternas al estimular las exploraciones
marítimas y continuar la política africana.
Oran fue atacada en 1790 y 1791, pero a cambio de ventajas comerciales se
abandonó esta plaza y la de Mazalquivir al bey de Argel (9 de enero
de 1792).
Sin embargo, la política exterior siguió mediatizada por los
acontecimientos que sacudian a Francia.
