Con
tan solo 19 años, Miguel Ángel Abandona Florencia y se encamina
a Bolonia, donde llega con el único recurso de su arte.
Allí conoce al aristócrata Gian Francesco Aldovrandi, gran aficionado
a la literatura y que le acoge en su casa. Aquí Miguel Ángel se
aficiona a leer a Dante que es esa época causa furor en Italia, a Boccacio
y a Petrarca.
Aquí escribe sus primeros versos, como buen hombre del Renacimiento que
cultiva las diferentes artes, notándosele cierta influencia de Petrarca.
El
aristócrata Aldovrandi le consigue una serie de encargos, una de ellas
es "EL ANGEL DEL CANDELABRO" (1494-1495) para el sepulcro de Santo
Domingo.
Podemos apreciar la musculatura que es prácticamente una constante en
la obra de Miguel Ángel, en ese afán renacentista por el estudio
de la anatomía humana.
En
esta época es cuando regaló al arzobispo de Bolonia una bellísima
escultura de "SAN PROCULO" (1494-1495) donde se aprecia un gesto de
decisión y un gran dinamismo. Se distinguen ya los drapeados y ropajes
con bellos adornos a los que luego tanto nos tendrá acostumbrados.
Tambien
esculpe en marmol a "SAN PETRONIO" de una altura de 64 cm.