

En
1534 Miguel Ángel se establece definitivamente en Roma. En este año
muere el Pápa Clemente VII y lo sucede Alessandro Farnese, conocido como
Pablo III. Por encargo de este Pápa, Miguel Ángel realizó
en un enorme fresco en la capilla Sixtina, el Juicio universal del final de
los tiempos, en el que Cristo Juez sentencia a los vivos y a los muertos.
Un trabajo colosal con más de 390 figuras, muchas de ellas de más
de dos metros, pueblan la pared del altar.
En la voragine de cuerpos desnudos es dificil distinguir entre angeles, santos
y mortales, dado que los primeros aparecen representados sin alas y los segundos
sin aureola.
Solo algunos de ellos tienen los atributos de su martirio, facilitando así
su identification.
Rodeado de santos y ángeles, Jesucristo reina con un gesto imponente
en el resplandor de su aureola, mientras María se le arrima precavida.
En la parte inferior izquierda, los redimidos se levantan de sus tumbas y suben
al Cielo ayudados por los angeles.
En la parte derecha, Caronte se lleva a los reprobos por el Estige, el rio del
Infierno. Allí les esperan diablos espantosos y, a la derecha, el rey
Minos, juez del Infierno, con orejas de asno y cinturon de serpiente.
Por decision del concilio de Trento, se ordeno a Daniele da Volterra, alumno
de Miguel Ángel, que cubriese las desnudeces de las figuras.
El pintor fue tan cuidadoso en esta tarea que el fresco no quedo muy perjudicado.
Esta decisión del concilio de Trento se siguió respetando en la
ultima restauración de la obra, y los retoques no se han suprimido.